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Claves para atraer a líderes perseverantes a tu empresa

La integración de un equipo de líderes de primer nivel es el componente más poderoso que tiene una empresa para sostener resultados extraordinarios a largo plazo. Esta integración se logra atrayendo a los ejecutivos adecuados y estableciendo estrategias de gestión que garanticen la sinergia entre ellos, para superar permanentemente los resultados esperados y mantener vínculos que hagan que el trabajo sea placentero y motivador para cada uno.

A la hora de identificar los campeones que se desea atraer, es importante definir claramente los conocimientos, las habilidades y las actitudes, es decir, las competencias que se consideren claves para la posición. Vale la pena ejercitarse en la tarea de elaborar estas definiciones, ya que nos orientan a observar los comportamientos que reflejan las competencias deseadas, asegurando mayor asertividad a la hora de reclutar.

Los jugadores de primera línea no sólo son responsables de conducir a la organización para el alcance de los objetivos, sino que, en gran medida, son quienes se encargan de diseñarlos. Además, proponen las metas de la empresa y los indicadores que detectarán los aciertos o desvíos en la gestión. La perseverancia como competencia implica que el ejecutivo no se dé por vencido, sino que se mantenga firme y constante en el cumplimiento de las políticas y procedimientos que él mismo contribuyó a definir.

Sostener propuestas innovadoras es especialmente difícil en las empresas exitosas, ya que no encuentran justificativos para un cambio. En ellas, las personas de manera consciente o inconsciente se ven impulsadas por la inercia que les lleva a seguir actuando de la misma manera. Por ello esta competencia es tan importante, ya que el líder perseverante trabaja con otros pares, comparte su visión, identifica los beneficios para cada uno y para el equipo, y se asegura de mantener actualizados los indicadores para reconocer los aciertos y alertar cualquier desvío, corrigiendo incansablemente los procesos y los comportamientos que no contribuyan al logro de los objetivos.

Tener desarrollada la perseverancia implica conocer a fondo las fuentes de resistencia que las personas, las organizaciones y el entorno pueden presentar e ir afinando una artillería personal que permita combatirlas. Implica también “administrar la demora”, reconociendo los plazos adecuados. Debemos saber que no lograremos que un árbol crezca por jalar de sus hojas, sino regándolo y abonando la tierra en forma adecuada, podándolo y protegiéndolo de plagas para que a “su tiempo” crezca y de frutos. De allí que sea fácil reconocer esta competencia en las personas con las que hemos trabajado por un plazo razonable, observando su obrar y su manera de continuar aún en la adversidad.

Cuando se trate de una persona que viene de otro equipo de trabajo o de otra organización, es útil reflexionar con ella sobre mejoras que haya logrado en el tiempo y las dificultades que ha encontrado en el camino. El perseverante sabrá encontrar algún caso que compartir y el brillo en sus ojos reflejará la pasión que genera en él el saberse victorioso. También se debe valorar la capacidad que tenga de evocar situaciones en las que tuvo algún tropiezo, considerando aquello de que “cada fracaso le enseña al hombre algo de lo que necesitaba aprender”, como nos diría el novelista inglés, Charles Dickens. De eso se trata, de atraer campeones que ya vivieron y que supieron aprender de la experiencia propia y de la ajena.